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viernes, 29 de enero de 2010

Milonga del Ángel (Astor Piazzolla)


Esa mezcla inusual del Sol que le acuchilla la piel a las ciudades y el frío invisible del invierno, provoca una disposición especial para escuchar a Piazzolla; justo como ahora, que me reencuentro con la Milonga del ángel.
La textura del disco en general se parece más o menos lo que yo podría identificar como cortinas de la memoria; con las que uno atenúa la rutina y sus amaneceres, y aclara esos territorios olvidados de una vida sin mayores sobresaltos.
No sé si lo mío, en el fondo sea una predilección de closet por el melodrama musical; pero hay que escuchar las historias que suscriben un bandoneón, un teclado, el contrabajo y el violín, para probar lo que uno regularmente reconoce a través de los ojos y la boca pero, esta vez, en los oídos.

martes, 24 de noviembre de 2009

Mar dulce (Bajo Fondo Tango Club) por Klett García


Bien lo dice Diego: los tangos de Adriana Varela son para embriagar esa parte de la memoria a donde van los nudos en la garganta que todos guardamos como embolias, pero es otro aspecto de la nostalgia el que se nos presenta en este disco de Bajo Fon-do; paralelamente a las canciones que sirven a la noche o a los viajes íntimos, “Mar Dulce” funciona como soundtrack en los días inundados por el letargo de la calle.
El sonido atemporal que nace del diálogo entre el tecno-pop y el tango despier-ta la furia de las ciudades y el sentido de uno como individuo, ahí, en el café o en una esquina esperando a que cambie el rojo. Cielos nublados y la estela de las luces de los coches son la ambientación ideal para un estilo que sustituye la viceralidad con la mera contemplación de las ventanas empañadas.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Vivo (Adriana Varela)


Le decía a un amigo que escuchar este disco de Adriana Varela antes de dormir, es peor que tomarse 10 expressos dobles del café Cali.
A lo mejor eso ocurre por ese color desenfrenado que los bandoneones le dan a la noche, o por la ironía de las canciones que poco a poco le embriagan a uno el ímpetu. Porque las canciones son más o menos como un licor cualquiera; sólo que éstas tienen la particularidad de funcionar medio a la inversa. Es decir, el licor uno lo traga y luego se embriaga; con las canciones, en cambio, uno simplemente revive todas las palabras que, en otro momento, fue necesario tragárselas, y desde adentro comienza a embriagar.
No sé. Estos tangos traen la onda que tiene el sur en las ciudades.